Devocional “Jesús resucitado sana tu vergüenza”

El texto para hoy lo encontramos en Romanos capítulo 8 … versículo 1 … donde dice:
Por lo tanto, ahora no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús (Romanos 8:1) 

En Romanos 7, Pablo habla con honestidad de su lucha interna: quiere hacer el bien, su carne es débil. ¿Te ha pasado? Es un capítulo lleno de frustración, confesión y realidad humana. Y justo después de describir esa batalla, llega Romanos 8:1: “Por lo tanto, ahora no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús”. Pablo lo dice no porque haya logrado vencer su pecado, sino porque Cristo venció por él. Este es un veredicto legal pronunciado por Dios mismo. 

Y ese veredicto habla también a tu vida hoy. Hay momentos en que la vergüenza pesa más que el error original: palabras que te arrepientes de haber dicho, decisiones del pasado que quisieras deshacer, o situaciones que preferirías enterrar en silencio. La vergüenza dice: “tú eres tu falla”. Pero el Evangelio dice: “tú estás en Cristo, no hay ninguna condenación”. Él cargó tu culpa en la Cruz, y al resucitar, dejó claro que el caso está cerrado. 

En Salmo 103:12 se nos dice: “Tan lejos como está el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones”. Y en 1 Juan 1:9 que: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”. Esto no depende de lo que sientes, sino de lo que Cristo ya cumplió. 

Entonces, ¿cómo vivo yo, sabiendo que Jesús resucitó y sigue presente aquí mismo? 

Vivo sin esconderme ni cargar etiquetas de vergüenza. Capacitados por el Espíritu, podemos recibir sanidad para nuestra vergüenza y confiar en el veredicto que Dios ya pronunció sobre nosotros en Cristo. Vivimos descansando en que Jesús resucitado cerró el caso para siempre, y que Su gracia define nuestra vida con más fuerza que cualquier error del pasado. 

Para reflexionar:
*¿Qué área de tu vida necesita escuchar de nuevo el veredicto de “ninguna condenación”?
*¿A quién quisieras encomendar hoy para que Jesús sane su historia y le dé un nuevo comienzo?

 

Diaconisa Noemí Guerra

Oremos: Padre nuestro, gracias porque ahora no hay ninguna condenación para los que estamos unidos a Cristo Jesús. Gracias porque Jesús resucitado cargó nuestra vergüenza, llevó nuestra culpa y nos declara libres de condenación. Amén. 

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