El texto para hoy lo encontramos en Marcos capítulo 4 … versículo 39 … donde dice:
[Jesús] se levantó, increpó al viento, y dijo al mar: ¡Calla, enmudece! Entonces amainó el viento, y sobrevino una gran calma (Marcos 4:39 RVR1977).
Jesús había invitado a los discípulos a cruzar al otro lado del mar de Galilea, y ellos subieron confiados a la barca. Pero una tormenta violenta se desató. Aunque eran pescadores con experiencia, esta vez sintieron que iban a morir. Y mientras todo se agitaba—olas, viento, gritos—Jesús dormía. No porque no le importara, sino porque nada de lo que estaba pasando estaba fuera de Su control. La tormenta era real, el peligro también… pero Su paz no dependía de que todo estuviera en orden. Y cuando lo despertaron, Jesús no se asustó: habló. Su voz tuvo autoridad sobre el viento y el mar. Y todo quedó en calma.
Esto no solo cuenta lo que Jesús hizo una vez; revela quién es Jesús. Jesús resucitado —el mismo que venció la muerte— sigue calmando tempestades por medio de Su Palabra poderosa. A veces las tempestades vienen por dolor, pérdida o preocupación. Otras veces vienen por cosas buenas: un cambio grande, una buena sorpresa, una transición que te emociona, pero también te inquieta. Y otras tempestades son internas: pensamientos que corren demasiado rápido, emociones que se levantan sin permiso, dudas que te nublan la vista.
El Salmo 46:10 nos dice: “Quédense quietos, y reconozcan que yo soy Dios”. Y en Juan 14:27, Dios mismo promete: “Mi paz les doy… no se turbe su corazón”. Él habla… y tu corazón encuentra descanso.
Entonces, ¿cómo vivo yo, sabiendo que Jesús resucitó y sigue presente aquí mismo?
Vivo sin negar la tormenta, pero sin permitir que ella tenga la última palabra. Capacitados por el Espíritu, podemos confiar en que Jesús resucitado sigue hablando con autoridad en medio del caos, y que Su voz —la misma que calmó el mar— sigue trayendo paz y descanso a mi corazón.
Para reflexionar:
*¿Qué tormenta interior o exterior quieres poner hoy en manos de Jesús?
*¿Cómo te consuela saber que la voz del Resucitado tiene autoridad sobre todo lo que te inquieta?
Diaconisa Noemí Guerra
Oremos: Padre nuestro, gracias porque Jesús resucitado reprendió al viento y dijo al mar de mis tempestades: «¡Calla! ¡Enmudece!». Gracias porque el viento se calmó, y todo quedó en gran calma. Amén.


