Devocional “Dios el Espíritu Santo nos ayuda”

…se deleita en la ley del Señor, y día y noche medita en ella. Ese hombre es como un árbol plantado junto a los arroyos: llegado el momento da su fruto, y sus hojas no se marchitan. ¡En todo lo que hace, prospera! (Salmos 1:2b-3).

¿Has visto a un árbol plantado junto a un arroyo? Sus raíces son más profundas que los que no porque siempre tiene acceso al agua. No depende de la lluvia ni del clima. Sus raíces buscan la corriente subterránea y se afirman allí. Ese árbol es más fuerte, más estable y, con el tiempo, más frondoso. Aunque no lo veas crecer día a día, está recibiendo vida constantemente. Es un proceso lento, pero firme.

Así también es el trabajo del Espíritu Santo en tu vida. El Salmo 1 nos da esa imagen: quien medita en la Palabra de Dios es como ese árbol plantado junto a las aguas. El crecimiento espiritual no se trata de entenderlo todo de una vez. Se trata de estar plantado en el lugar correcto: cerca de la Palabra, donde el Espíritu Santo actúa y nos ayuda.

Y es que el Espíritu Santo es quien te mantiene firme. Él te llamó por el Evangelio, te guía, te consuela, y te fortalece por medio de los medios de gracia. Él te planta, te sostiene y te va transformando con paciencia.

Jesús prometió que enviaría al Espíritu como nuestro Ayudador, y lo cumplió. Su ayuda no siempre se nota al instante, pero está actuando, como el agua que corre bajo la tierra alimentando tus raíces.

Así que no te desesperes si no ves resultados inmediatos en tu crecimiento espiritual. Dios el Espíritu Santo está trabajando en ti. Está haciendo crecer fruto, a su tiempo, con Su poder, no con tu esfuerzo.

Para reflexionar
* ¿Cómo ha obrado el Espíritu Santo en tu vida de forma callada pero constante?
* ¿Has visto alguna vez cómo crece un árbol lentamente? ¿Qué te enseña eso sobre la fe?

Diaconisa Noemí Guerra

Padre nuestro, ayúdanos a deleitarnos en Tu ley, y día y noche meditar en ella. Haznos como un árbol plantado junto a los arroyos: que llegado el momento demos fruto, y nuestras hojas no se marchiten. ¡Gracias porque en Cristo, todo lo que hacemos prospera! Amén.

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