El texto para hoy lo encontramos en Lucas capítulo 24 … versículo 35 … donde dice:
Ellos, por su parte, contaron también lo que les había sucedido en el camino y cómo habían reconocido a Jesús cuando partía el pan (Lucas 24:35 BLPH).
La mesa tiene algo especial: es el lugar donde la vida se detiene un momentito, las barreras bajan y el corazón se abre. Y hay comidas que uno no olvida. No por el menú, sino por lo que pasó alrededor de la mesa: una conversación sincera, un abrazo que llegó justo a tiempo, una palabra que sanó sin que uno la estuviera buscando. Los discípulos de Emaús venían cargando tristeza y confusión, pero todo cambió cuando Jesús se sentó con ellos. No fue una frase profunda, no fue un argumento. Fue en la fracción del pan donde finalmente lo reconocieron.
Jesús quiso revelar Su identidad en el acto de partir el pan porque estaba anticipando lo que hoy vivimos en la Santa Cena. Allí no recibimos un símbolo vacío ni un recuerdo sentimental. Allí Jesús mismo se da: Su cuerpo entregado, Su sangre derramada, Su presencia real para perdón, vida y salvación. Él se sienta en tu mesa y te alimenta porque Él sabe lo que tu corazón necesita.
Él se revela donde Sus hijos pueden recibirlo: ¡en la mesa!, en el pan y en el vino, en esa comunión donde el Jesús resucitado se acerca con ternura a los que estamos quebrantados, a los débiles y a los que han estado lejos.
Entonces, ¿cómo vivo yo, sabiendo que Jesús resucitó y sigue presente aquí mismo?
Me acerco a Su mesa con gratitud y confianza, capacitado por el Espíritu, sabiendo que Jesús resucitado se encuentra conmigo allí, se da por mí y me alimenta con lo que realmente sostiene la vida. Vivo recibiendo Su presencia como regalo, aun cuando el camino sea confuso, porque Él sabe encontrarme justo donde más lo necesito.
Para reflexionar:
*¿Qué significa para ti que en la Santa Cena no recibes un símbolo, sino a Cristo mismo?
*¿A quién quisieras traer en oración para que también encuentre consuelo en la mesa del Señor?
Diaconisa Noemí Guerra
Oremos: Padre nuestro, gracias porque Jesús resucitado se encuentra con nosotros en la mesa y nos alimenta con Su presencia real, trayéndonos perdón, vida y salvación. En el nombre de Jesús, amén.


