La justicia de Dios, por medio de la fe en Jesucristo, es para todos los que creen en él. Pues no hay diferencia alguna, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios; pero son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que proveyó Cristo Jesús (Romanos 3:22-24).
Hace un par de años fui al supermercado y me encontré con algo fuera de lo común: una sección llena de bolsas de comida ya pagadas, listas para que cualquier persona en necesidad pudiera llevárselas sin tener que dar nada a cambio. No eran frutas de promoción ni saldos por vencer, sino alimentos seleccionados con intención. La nota decía: “Si necesitas comida, llévala con confianza. Ya fue pagado”. Me conmovió tanto que me quedé unos minutos mirando… pensando en lo raro que se siente recibir algo así, sin tener que pagar.
El 31 de octubre, día de la Reforma recordamos que el Hijo de Dios nos ha liberado del pecado y de la muerte por Su gracia. Un regalo completo, pagado en su totalidad por Cristo Jesús. Romanos 3 nos recuerda que todos hemos pecado, sin excepción, y que ninguno puede acercarse a Dios por sus propios méritos. Pero también nos da una noticia que transforma el alma: hemos sido justificados gratuitamente. ¡Sin pagar un centavo! Cristo mismo fue el pago, el sacrificio, la redención.
Este pasaje fue clave en el corazón de la Reforma. Lutero, luchando con su culpa, encontró descanso cuando redescubrió que la justicia de Dios no es algo que tú produces, sino que es un regalo recibido por fe. Cristo es el que hace la obra. Y cuando fallas, Jesús te perdona, te fortalece y te sigue capacitando por medio de su Palabra, el Bautismo y la Santa Cena.
Puedes darle gracias a Dios por ese regalo eterno. Tú y yo estamos libres, somos libres… no porque hayamos hecho algo, sino porque todo ya fue pagado por Jesús. Libres sin pagar un centavo.
Para reflexionar:
* ¿De qué forma puedes mostrar la libertad que tienes en Cristo a quienes te rodean?
* ¿Has sido bendecido alguna vez con algo que no esperabas? ¿Cómo te sentiste al recibirlo?
Diaconisa Noemí Guerra
Padre nuestro, gracias por darnos a Cristo, quien pagó por completo nuestra redención con Su vida perfecta y Su sangre. Ayúdanos a confiar en esa libertad y a vivir con gratitud. En el nombre de Jesús. Amén.


