¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen con su cuerpo a Dios (1 Corintios 6:19-20 NVI).
A veces evitamos ciertos temas como si, por no hablarlos, pudieran desaparecer. ¿Te pasa? La diabetes es uno de esos temas. Escuchamos que alguien en la familia fue diagnosticado, o quizás ya tú mismo sabes que estás en riesgo… pero preferimos callar. Tal vez por miedo, tal vez por no preocupar a otros. Pero lo que no se habla, no se previene.
Y mira, esto nos toca de cerca. Los latinos tenemos casi el doble de probabilidades de desarrollar diabetes tipo 2 comparado con los anglosajones. Por eso es importante hablar, romper el silencio y buscar ayuda. Porque callar no cuida. Callar, a veces, destruye.
Pablo escribe en la lectura de hoy que tu cuerpo no es tuyo, sino que le pertenece a Dios. Y eso no es un llamado a cargar con culpa, sino una invitación a vivir desde la dignidad que Dios ya te dio. Jesús se hizo humano. Dio su vida por ti. Y cuando fuiste bautizado, el Espíritu Santo vino a vivir en ti. Eso le da valor eterno a tu cuerpo, incluso si está enfermo o con limitaciones.
Así que, cuidar tu cuerpo —comer mejor, caminar más, ir al médico, hablar de la diabetes— no es solo un tema de salud. Es una manera de honrar a Dios.
Hablar de la diabetes, en familia o con el doctor, puede ser incómodo. Pero también puede salvar una vida. La tuya, o la de alguien que amas.
Para reflexionar
* ¿Has callado alguna vez algo sobre tu salud por miedo o vergüenza?
* ¿Cómo puedes ver el cuidado de tu salud como una forma de honrar a Dios?
Diaconisa Noemí Guerra
Señor Jesús, gracias por recordarme que mi cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en mí y al que hemos recibido de parte de Dios. No somos nuestros propios dueños; fuimos comprados por un precio. Por tanto, ayúdanos a honrarte al cuidar de nuestro cuerpo. Amén.


