Mensaje de Esperanza “Señor, enséñame a ser fiel en la Oración”

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Cuántas oraciones hemos levantado desde el primer momento en que aprendimos a orar. ¿Pueden imaginar?  Nuestra primera oración fue una oración por nosotros mismos;  pedimos que Dios tuviera misericordia de nosotros y borrara nuestro pecado.  Él nos escuchó.  Pero cuando hubo borrado nuestros pecados y nos dejó blancos como la nieve, entonces nos vimos en la necesidad de  más oraciones por nosotros mismos.  Hemos tenido que orar por  la gracia santificante,  queremos ser santificados, por la gracia que constriñe y que frena; pues no queremos caer en las tentaciones, hemos pedido a Dios por la fortaleza de nuestra fe, adherida a sus promesas, hemos pedido la ayuda en el momento de cumplir con nuestros deberes, hemos pedido socorro en el día de la prueba.

Nos hemos visto obligados a acudir a Dios por nuestras almas, como mendigos constantes pidiendo de todo. Tu alma nunca se ha enriquecido en sí misma; siempre ha sido dependiente de la generosidad diaria de Dios; y por lo tanto tus oraciones han ascendido al cielo por una impresionante cantidad de misericordias espirituales casi infinitas. Entonces, ¿no tienes motivo para decir: “Amo al Señor, porque ha oído la voz de mi súplica”?  Porque como han sido muchas tus oraciones, así también han sido las respuestas de Dios a ellas.  Él te ha oído en el día de la angustia, te ha fortalecido y ayudado, incluso cuando lo deshonraste temblando y dudando en el altar.

Lectura Bíblica: Efesios 6:18

Oración: “Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides todos sus beneficios Y oyeron una gran voz del cielo que les decía: Subid acá”.