Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios el Padre (Filipenses 2:10-11).
Pocas escenas son tan poderosas como la que describe Pablo en esta carta: un día, todo ser humano, en el cielo y en la tierra, reconocerá que Jesús es el Señor. No habrá excepciones. No importará la cultura, el idioma, la posición social o las creencias previas. Toda rodilla se doblará y toda lengua lo confesará.
Para algunos, ese día será el momento más glorioso, lleno de alegría y gratitud por haber confiado en Él. Para otros, será el reconocimiento tardío de Aquél a quien rechazaron. Esto nos recuerda que la vida no es neutra: estamos llamados a reconocer hoy a quién servimos y en quién confiamos.
Jesús no ganó este lugar de honor por fuerza, sino por amor y obediencia. Se humilló, se hizo siervo y entregó Su vida en la cruz por nosotros. Fue en ese acto de sacrificio que recibió el nombre que es sobre todo nombre. Él nos invita a doblar nuestras rodillas ahora, no por obligación, sino por gratitud y fe.
En esta Cuaresma, miremos al Jesús exaltado, y recordemos que el tiempo para reconocerlo como Señor es hoy y todos los días. En tu Bautismo, Él te ha hecho parte de esa multitud de fieles, redimidos por Su gracia y amor, personas de todas las naciones, que doblan sus rodillas ante Él con corazones llenos de gozo y esperanza.
Para Reflexionar:
* ¿Qué significa para ti “doblar tus rodillas ante Jesús” en la vida diaria?
* ¿Qué áreas de tu vida todavía necesitan rendirse al señorío de Jesús?
Diaconisa María Gabriela Silveira
Señor Jesús, confieso con mi boca y mi corazón que Tú eres el Señor. Mi vida te pertenece. Amén.


