El amor verdadero perdona el pecado; el temor del Señor aparta del mal a los hombres (Proverbios 16:6).
Desde el Edén, la tendencia humana ha sido siempre la misma: echar la culpa a otros. Adán culpó a Eva, Eva culpó a la serpiente, y nosotros seguimos apuntando a los demás. Es más fácil responsabilizar a los padres, hermanos o compañeros de trabajo que admitir: “yo pequé”. Pero esta actitud no engaña a Dios. Él ve nuestro corazón y conoce cada pensamiento, palabra y acción. La culpa por los pecados que cometemos es nuestra. Y la Sagrada Escritura nos advierte: “la paga del pecado es la muerte” (Romanos 6:23). ¿Qué esperanza nos queda?
Sin embargo, hay una transferencia de culpa que lo cambia todo: “El amor verdadero perdona el pecado” (Proverbios 16:6). Jesús, el inocente, asumió la culpa de todos nosotros. En Él no había pecado alguno, pero por amor llevó los nuestros. Jesús, el justo, fue condenado en nuestro lugar, para que los culpables, tú y yo, fuéramos declarados perdonados e inocentes. ¡Eso es gracia! ¡Eso es verdadero amor!
En lugar de culpar a otros, arrepiéntete. Dios, por amor, te ofrece el perdón. Él no transfiere tu culpa a nadie más, porque ya la colocó sobre los hombros del Salvador.
Para reflexionar
• ¿Alguna vez has culpado a alguien más (o a Dios) por un error que tú cometiste?
• ¿Qué sientes al saber que por amor el propio Jesucristo pagó el precio de tus culpas?
Rev. Adelar Munieweg
Padre amado, he pecado. Gracias por poner todos mis pecados sobre Cristo, por llamarme al arrepentimiento y perdonarme por gracia. Ayúdame a vivir según Tu voluntad, alejándome del mal. En el nombre de Jesús. Amén.


