Cuaresma- “Jesús es el centro”

No permitan, pues, que nadie los juzgue por lo que comen o beben, o en relación con los días de fiesta, la luna nueva o los días de reposo. Todo esto no es más que una sombra de lo que está por venir; pero lo real y verdadero es Cristo (Colosenses 2:16-17).

¿Cómo sabes si una persona es buena o mala? ¿Miras cómo se viste, sus ideas y su forma de hablar, lo que come, los lugares que frecuenta y evalúas todo eso? Pero ¿es posible conocer a la persona de verdad solo por estos detalles?

En la época del Antiguo Testamento, las personas ya observaban rituales, tradiciones, cuidados con la comida y la bebida, y celebraban días especiales, pues todo esto señalaba al Salvador que había de venir. De hecho, era muy parecido a lo que vemos en la sociedad actual también.

Pero ¿pueden los rituales, costumbres y tradiciones hacernos verdaderos hijos de Dios? La respuesta es: ¡no!

No es por los himnos que cantamos, ni por el tiempo que pasamos dentro de la iglesia, ni porque ayunamos el Viernes Santo que Dios nos recibe como sus hijos. No son nuestras acciones las que nos salvan del pecado y de la muerte eterna. Solo Jesucristo, nuestro Salvador, hizo lo que era necesario: Él murió por nosotros. Cuando creemos esto con todo nuestro corazón, es que podemos estar seguros de que somos hijos de Dios.

Jesús es el centro de todo lo que hacemos, y cada una de nuestras actitudes debe apuntar a lo que Él hizo en la cruz por nosotros. Si no es así, necesitamos revisar las razones por las cuales hacemos o dejamos de hacer algo.

Para reflexionar
• ¿Cuáles de tus costumbres y tradiciones apuntan a Jesús como Salvador de tu vida?
• ¿Qué puedes dejar de hacer en tu rutina porque no es compatible con el amor que Jesús predicó?

Flavio Knopp

Señor Dios, quiero que todas mis acciones reflejen la luz de Jesús al mundo. Que yo demuestre el amor de Cristo en todos mis días aquí en la tierra. Amén.

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