Y ahora, Israel, ¿qué es lo que el Señor tu Dios pide de ti? Solamente que temas al Señor tu Dios, que vayas por todos sus caminos, y que ames y sirvas al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que cumplas sus mandamientos y estatutos, los cuales hoy te ordeno cumplir, para que tengas prosperidad (Deuteronomio 10:12-13).
Cuando era pequeña, mis padres solían decirme: “Como hermana mayor, debes dar el ejemplo en obediencia y respeto a tus hermanos”. Esperaban de mí una conducta intachable. Pero la realidad era distinta… yo era una niña traviesa, desobediente y frecuentemente me metía en líos.
Con los años entendí que, aunque las expectativas eran claras, cumplirlas no era tan sencillo. Algo similar le ocurrió al pueblo de Israel. En el pasaje de hoy, Dios expresa con claridad lo que espera de Su pueblo: que le teman, le amen, le sirvan y obedezcan Sus mandamientos. Parece algo simple, ¿verdad? Pero no lo fue para ellos… ni lo es para nosotros.
Dios ya había rescatado a Israel de la esclavitud en Egipto. No les pedía obediencia para salvarlos, sino para enseñarles cómo vivir como Su pueblo liberado. Así también con nosotros: no obedecemos para ser salvos, sino que ya hemos sido salvados por gracia.
Cuando Jesús vino, todo cambió. Él no solo enseñó con palabras, sino con Su vida. Nos mostró lo que significa amar, respetar y servir. Y lo hizo entregando su vida en la cruz por amor.
Juan 3:16 nos recuerda ese amor: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, sino que tenga vida eterna”.
Cumplir la voluntad de Dios por nuestras propias fuerzas es imposible. Pero no estamos solos. Es el Espíritu Santo quien transforma nuestro corazón, quien nos guía a vivir con fe, obediencia y amor.
Nuestro texto nos recuerda que Dios dio instrucciones claras a Su pueblo, pero también que Su amor vino primero. Hoy, tú y yo podemos responder a ese amor recibiendo a Cristo Jesús en nuestros corazones y viviendo de acuerdo con su Palabra, sabiendo que solo con Su ayuda podemos caminar en obediencia verdadera.
* ¿De qué manera estás demostrando amor y obediencia a Dios en tu vida diaria?
* ¿En qué áreas necesitas la ayuda del Espíritu Santo para vivir como un verdadero hijo de Dios?
Veruzka Farfán
Señor Jesús, gracias por mostrarnos el camino de la obediencia y del amor verdadero. Ayúdanos, por medio de tu Espíritu Santo, a vivir sirviéndote de corazón y a reflejar tu amor a quienes nos rodean. En tu nombre Jesús oramos, amén.


