Cuaresma- “Tentación de Jesús”

Luego Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre (Mateo 4:1-2).


En este tiempo de Cuaresma vivimos 40 días de reflexión, arrepentimiento y fortalecimiento de nuestra fe. En el texto de San Mateo, acompañamos a Jesús quien, inmediatamente después de Su bautismo, cuando la Trinidad de Dios manifestó Su presencia ante los que estaban a orillas del río Jordán, fue conducido por el Espíritu Santo al desierto.

Es en la soledad y en las dificultades del desierto, sin comer, entre las fieras, como revelan los evangelistas Marcos y Lucas, que Jesús inicia Su ministerio rumbo al Calvario, para sufrir el castigo de la ley de Dios por nuestros pecados. En el desierto, extenuado por el hambre, sufrió día y noche, sin tregua, enfrentando al maligno Satanás en nuestro lugar. El mismo diablo que tentó a Jesús, en Su naturaleza humana, a pesar de ser el Hijo de Dios, existe de forma real, no imaginaria, y continúa actuando en el mundo, tentándonos con sus trampas.

También nosotros vivimos momentos de desierto en nuestras vidas, como consecuencia del pecado que nos condena a la muerte eterna en el infierno. Sí, en el infierno, del cual hoy muchos no quieren hablar ni creer que existe, pero es real. Jesús sufrió voluntariamente la tentación, el sufrimiento y la muerte en la Cruz en nuestro lugar, para resucitar el domingo de Pascua y darnos la victoria sobre el pecado y la muerte.

Jesús, que es el pan de vida, padeció hambre y sed precisamente para darnos el pan y el agua de vida que perduran para siempre. En Él, nuestro futuro es el cielo y la vida eterna, no la muerte ni el infierno. ¡Todo por la gracia y el amor de Dios, por ti y por mí!

Para Reflexionar:
* ¿Cuáles son las tentaciones que más te cuesta vencer en tu camino de fe?
* ¿De qué maneras Dios puede fortalecer tu fe durante esta Cuaresma?
 

Rev. Nilo Figur

 

Señor Jesús, ayúdame en mi debilidad a vencer las tentaciones de Satanás en mi vida. ¡En Tu Nombre! Amén.

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