Así también ustedes, considérense muertos al pecado pero vivos para Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor (Romanos 6:11).
Este domingo es el Cuarto Domingo después de Pentecostés, y recordamos que, liberados del pecado y de la muerte, ahora vivimos delante de Dios en la justicia de Cristo.
Cuando nuestros hijos eran pequeños, ayudaban en casa con muchas cosas. Lavaban platos, sacaban la basura, limpiaban el baño, recogían lo suyo. No lo hacían para ganarse su identidad como hijos. Eso ya la tenían. Nadie les decía: “si haces esto, entonces eres parte de la familia”. No. Lo hacían porque ya vivían en la casa, porque eran hijos, porque eran parte del equipo.
Ahí entendí algo que me ayudó mucho a comprender la vida cristiana.
Delante de Dios, coram Deo, tu identidad ya está resuelta. No haces nada para convertirte en hijo. No trabajas para ganar perdón. No obedeces para asegurar tu lugar. Delante de Dios, estás cubierto por Cristo. Punto. Esa justicia no es activa ni negociable; es recibida. Cristo la ganó por ti.
Eso es lo que Pablo está diciendo cuando habla de considerarnos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús. No es una meta a alcanzar, es una realidad ya dada. Delante de Dios, no te presentas con tu esfuerzo, sino solamente por Cristo.
Ahora, eso tiene consecuencias coram mundo. Así como mis hijos ayudaban en casa no para ser hijos, sino porque ya lo eran, así también la vida cristiana se vive no para ganar algo de Dios, sino porque ya lo recibiste todo. Coram mundo, delante del mundo y tu prójimo sigues siendo imperfecto, sigues fallando, sigues aprendiendo. Pero ya no vives tratando de probar tu valor.
Eso es vivir coram Deo en la justicia de Cristo y coram mundo en una vida que da fruto por Gracia.
Para reflexionar:
* ¿En qué áreas estás viviendo todavía como si tuvieras que ganarte tu lugar, en vez de vivir desde la Gracia recibida?
* ¿Cómo vas a vivir esta semana coram mundo desde la libertad que Cristo ya te dio?
Diaconisa Noemí Guerra
Oremos: Padre nuestro, gracias porque en Cristo nos has liberado del pecado y de la muerte. Por Tu Palabra y Tus Sacramentos, sigue formándonos para vivir en la libertad que ya nos has regalado. En el nombre de Jesús, amén.


