Devocional “Cristo en Nahúm: El que anuncia buenas nuevas y pone fin al mal”

¡He aquí sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz! ¡Celebra, oh Judá, tus fiestas; cumple tus votos, porque nunca más volverá a pasar sobre ti aquel inicuo, pues ha sido completamente destruido! (Nahúm 1:15 RVA-2015).

Leí en el libro Hábitos Atómicos hace unos años, la regla de los dos minutos. La idea es que cuando algo te cuesta—una tentación, un hábito malo, una reacción impulsiva— muchas veces no necesitas fuerza infinita, sino aguantar un poquito más. Dos minutos. Un momento. El impulso sube, pero también baja.

Más o menos así entiendo el mensaje de hoy. Judá seguía viviendo amenazas, miedo y opresión. Pero Dios les dice: el mal tiene fecha de caducidad. No gobierna para siempre. No tiene la última palabra. Esperen un poquito más.

Y aquí vemos a Cristo en Nahúm: El que anuncia buenas nuevas y pone fin al mal. Y es que así vivimos nuestra realidad cristiana entre el “desde ya” y el “todavía no”. Ya Dios venció al mal en Cristo. Pero todavía vemos sus efectos en este mundo.

A veces, como en la regla de los dos minutos, nuestra vida de fe se trata de esperar un poco más en Dios. Resistir un momento más. Confiar un día más. No porque tú seas fuerte, sino porque Dios ya declaró el final del mal.

Nahúm no dice: “el mal se está debilitando”. Dice: “ha sido completamente destruido”. Aunque todavía camine, ya está condenado. Eso cambia cómo enfrentas el presente.

A diferencia de la regla de los dos minutos, no resistimos porque tengamos una técnica mejor, sino porque Cristo ya ha vencido, y Su Palabra nos sostiene mientras esperamos el cumplimiento final.

Para reflexionar:

* ¿Cómo cambia tu manera de esperar cuando recuerdas que el final ya fue declarado por Dios?
* ¿De qué forma la Palabra de Cristo puede sostenerte hoy mientras vives entre el “ya” y el “todavía no”?

Diaconisa Noemí Guerra

Oremos: Padre nuestro, gracias porque vemos sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz. En Cristo, celebramos nuestras fiestas, cumplimos nuestros votos, porque el malvado no volverá a pasar por nosotros; ha sido completamente destruido. En el nombre de Jesús, amén.

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