“Si alguno de ustedes requiere de sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios se la da a todos en abundancia y sin hacer ningún reproche” (Santiago 1:5).
Todos queremos hacer lo correcto … pero no siempre sabemos cómo. Sabes que quieres vivir bien, tomar buenas decisiones, responder mejor… pero en el momento, te confundes y reaccionas mal. ¿Te ha pasado?
Santiago escribe aquí a cristianos que habían sido dispersados, lejos de su hogar, en lugares nuevos, con retos nuevos. Estaban tratando de vivir su fe en medio de presión, de cambios, de relaciones complicadas y decisiones reales de la vida diaria. Eran situaciones que los estaban formando. Cosas que los hacían preguntarse: ¿cómo respondo a esto? ¿qué hago ahora? ¿cómo vivo mi fe aquí, en lo práctico? ¿Te suena familiar?
O sea, no tenían una fe perfecta… tenían una fe en proceso, creciendo en medio de la vida real.
A veces, justo cuando no sabes qué hacer… es cuando más estás aprendiendo a depender de Dios.
En medio de eso, Dios no te dice: “esfuérzate más”, “ya deberías saber qué hacer”. Él te dice: ¡pídeme sabiduría!
Aquí vemos a Jesús en Santiago como el Señor que te da sabiduría para vivir cada día. Y es que Jesús no solo te salva… también te guía. En Su Palabra, Él te muestra el camino. En tu Bautismo, te recuerda que eres Suyo. En la Santa Cena, te fortalece para seguir.
Y Dios no da poquita sabiduría. Dice que da en abundancia y sin hacer ningún reproche. O sea, nunca te va a decir “otra vez tú”. Él no te juzga, no te cierra la puerta. Recibe tu petición con los brazos abiertos.
Dios te capacita para pausar, orar, buscar Su dirección antes de reaccionar.
Así que la próxima vez que no sepas qué hacer… recuerda esto: Jesús te da sabiduría… y camina contigo.
Para reflexionar:
*¿En qué área de tu vida necesitas hoy pedirle sabiduría a Dios con confianza?
*¿Qué situación en tus relaciones hoy necesita que pauses y busques la sabiduría de Dios antes de reaccionar?
Diaconisa Noemí Guerra
Oremos: Padre nuestro, gracias porque en Cristo Tú nos das sabiduría en abundancia y sin reproche. En el nombre de Jesús. Amén.


