El texto para hoy lo encontramos en Filipenses capítulo 4 … versículos 6 y 7 … donde dice:
Por nada estén afanosos; más bien, presenten sus peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús (Filipenses 4:6–7 RVA-2015).
Tanto Pablo como la iglesia de Filipos estaban viviendo situaciones que humanamente no tenían solución inmediata. Pablo estaba preso injustamente, encadenado, vigilado por soldados romanos, sin saber si el juicio terminaría en libertad o en muerte. Estaba en un peligro real.
Y la Iglesia enfrentaba:
- hostilidad de la ciudad, porque Filipos era colonia romana leal al César, y confesar a Cristo sonaba sospechoso;
- conflictos internos (Filipenses 4:2 menciona una discusión fuerte entre dos líderes);
- presión de falsas enseñanzas que intentaban robar la libertad del Evangelio;
- preocupación por Pablo mismo, su pastor-amigo-hermano que estaba preso.
¿Te ha pasado que te has encontrado en una situación así dónde no ves cómo salir adelante?
Pablo dirige su mirada y la nuestra a la persona de Cristo resucitado. Porque la paz de la que habla en el versículo de hoy no viene de la oración misma como si fuera una fórmula de “dame que te doy”.
La paz que Él da “sobrepasa todo entendimiento” porque no se basa en lógica humana, sino en la obra del Resucitado que guarda tu corazón y escucha tu oración siempre.
Entonces, ¿cómo vivo yo, sabiendo que Jesús resucitó y sigue presente aquí mismo?
Vivo orando sin miedo, presentando mis peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Capacitados por el Espíritu, podemos vivir llevando nuestras cargas a Él, siendo sostenidos por Su paz, sabiendo que Jesús resucitado siempre nos escucha cuando oramos.
Para reflexionar:
*¿Qué petición quieres llevar hoy ante Jesús resucitado sabiendo que Él te escucha?
*¿Cómo te consuela saber que la paz de Cristo no depende de la calidad de tu oración o de tu intelecto?
Diaconisa Noemí Guerra
Oremos: Padre nuestro, gracias porque en Jesús resucitado por nada nos afanamos; más bien, presentamos nuestras peticiones delante de Ti en toda oración y ruego, con acción de gracias. Gracias porque Tu paz, que sobrepasa todo entendimiento, guarda nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús. En Su nombre, amén.


