El texto para hoy lo encontramos en Efesios capítulo 4 … versículos 4 y 6… donde dice:
Así como ustedes fueron llamados a una sola esperanza, hay también un cuerpo y un Espíritu, un Señor, una fe, un bautismo, y un Dios y Padre de todos, el cual está por encima de todos, actúa por medio de todos, y está en todos (Efesios 4:4–6).
La iglesia en Éfeso tenía personas de trasfondos distintos, culturas distintas, experiencias distintas… tratando de ser un solo pueblo unido en Cristo. Algunos venían del judaísmo, otros del paganismo; algunos estaban acostumbrados a reglas estrictas, otros a una vida completamente libre; algunos se sentían fuertes en la fe, otros muy nuevos y frágiles. Esa mezcla obviamente generaba tensiones, malentendidos y momentos que podían hacer sentirse un poco aislado. ¿Te has puesto a pensar que la comunidad cristiana es hermosa… pero también algo complicada? ¿Te has sentido a veces medio desconectado del resto del cuerpo?
Pero la unidad de la Iglesia no nace del acuerdo humano, ni de sentirnos unidos o no, sino de Cristo resucitado. No somos unidos porque todos pensamos igual, actuamos igual o venimos del mismo lugar. Somos unidos porque Jesús nos llamó con una misma esperanza, el Espíritu nos ha unido en un mismo cuerpo y el Bautismo nos ha marcado con una misma identidad. La unidad no es una meta que debemos lograr, sino un regalo que podemos recibir.
¡Qué gran alivio! No tenemos que encajar a la fuerza. Ya pertenecemos. Cristo resucitado te unió a Su cuerpo. Él sostiene la Iglesia y también te sostiene a ti dentro de ella.
Entonces, ¿cómo vivo yo, sabiendo que Jesús resucitó y sigue presente aquí mismo? Puedo vivir recordando que no tengo que caminar en aislamiento. Por el Espíritu podemos descansar en que ya pertenecemos. Jesús resucitado nos unió a Su cuerpo.
Para reflexionar:
*¿Cómo te anima saber que perteneces al cuerpo de Cristo, no por mérito, sino por gracia?
*¿Qué relación dentro de la Iglesia quisieras encomendar hoy a la obra unificadora del Espíritu?
Diaconisa Noemí Guerra
Oremos: Padre nuestro, gracias porque en Jesús resucitado hay un solo cuerpo, un solo Espíritu, una sola esperanza, un solo Señor, una sola fe y un solo Bautismo, y gracias porque Tú eres nuestro Padre que nos une y nos sostiene. En el nombre de Jesús, amén.


