Cuaresma- “Perdidos”

Llevaré a los ciegos por caminos que nunca conocieron; les haré recorrer sendas para ellos desconocidas. A su paso cambiaré en luz las tinieblas, y allanaré los caminos torcidos. Todo esto haré por ellos, y no los desampararé (Isaías 42:16).

 

¿Alguna vez te has perdido?

Un programa de la televisión titulado “Supervivientes” sigue a un grupo de exploradores, quienes aceptan vivir en un área desconocida en la que deben sobrevivir. El clima es inhóspito; los caminos, difíciles de transitar. No hay agua potable ni baños; no hay fuego ni electricidad, no hay luz. Por suerte, los organizadores del evento les dan a los exploradores un mapa del territorio como guía. De lo contrario, estarían completamente perdidos.

En la narrativa bíblica, el mundo sin Dios se nos presenta como una tierra desconocida e inhóspita, un lugar tenebroso y oscuro. Alejado de Dios, el mundo es como un laberinto lleno de caminos extraños, con obstáculos y desvíos. Sin un guía experto que ilumine nuestro camino y despeje las sendas de todo estorbo y amenaza, nadie sobrevive. Un buen guía es en realidad un salvador que nos rescata de todo peligro y nos da salida del laberinto oscuro.

El profeta Isaías describe la condición del mundo como un estado de ceguera espiritual y el mundo como un terreno lleno de caminos extraños e inaccesibles. Dios guía a ciegos perdidos por sendas que no conocen con el fin de que no se pierdan (Isaías 42:16a).

Dios, por su gran misericordia, no desampara a los perdidos, sino que los encamina por sendas de salvación. Los traslada de la oscuridad a la luz, de senderos sinuosos a caminos rectos (v. 16b). En su plan de salvación, Dios nos ha enviado a su Hijo Jesucristo, nuestro Siervo, para rescatarnos de las tinieblas del pecado, el diablo y la muerte y así guiarnos a la vida eterna.

 

Para Reflexionar:

* ¿Qué estrategias usa un explorador para sobrevivir cuando se pierde?
* ¿Qué acciones toma Dios para rescatar a personas espiritualmente perdidas?

 

Doctor Leopoldo Sánchez

 

Amado Padre, gracias por guiarnos por sendas de salvación. Amén.

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