Bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra! (Génesis 12:3).
Dios le hace una promesa sorprendente a Abrahán, un hombre común, llamado a dejar su tierra para convertirse en el padre de una gran nación. Pero lo más impactante de esta promesa no es solo la bendición para él, sino también para “todas las familias de la tierra”. A través de Abrahán, Dios planeó bendecir al mundo entero, y ese propósito alcanzó su punto culminante en Jesucristo –el descendiente prometido, el Mesías– quien trajo salvación a todas las naciones.
Este pasaje bíblico nos recuerda que no fuimos salvados únicamente para nuestro beneficio, sino para convertirnos en testigos activos del amor de Dios. Muchas veces fallamos en esto: nos encerramos en nuestras preocupaciones, olvidamos al prójimo, o nos sentimos cómodos en la fe, pero sin compartirla. La Ley nos confronta cuando nos recuerda que hemos sido bendecidos para bendecir a otros.
Sin embargo, el evangelio de Jesucristo nos trae de vuelta al amor de Dios y a la esperanza. Hemos sido bendecidos con el perdón y la vida eterna, y también enviados al mundo como mensajeros de tal amor. Él nos capacita para extender sus buenas noticias a todos: con nuestras palabras, actos y oraciones. Hoy, tú y yo, somos parte viva de esa promesa que comenzó con Abrahán.
No olvidemos que, si hemos recibido tanto de parte del Señor, no podemos guardar silencio ni permanecer indiferentes. El mundo necesita conocer al Salvador. ¡Es tiempo de despertar y vivir como verdaderos hijos de la promesa!
Durante esta Cuaresma, volvamos nuestra mirada a Jesús, no solo con gratitud, sino también con el profundo deseo de compartir Sus bendiciones con este mundo dañado y herido. Que nuestras vidas hablen de Cristo en cada lugar y momento, porque aún hay muchas personas esperando conocer el amor, el perdón y la salvación que solo Jesucristo puede ofrecer.
* ¿Qué acción concreta puedo hacer hoy para mostrar el amor de Dios a alguien cercano?
* ¿Hay alguna persona en mi entorno que necesite consuelo, apoyo o esperanza, y con la que Dios me está llamando a acercarme?
Diaconisa Marianela Bravo O.
Padre Celestial, gracias por bendecirme con Tu gracia y amor. Ayúdame a ser instrumento de Tu voluntad y reflejo de Tu amor en la vida de quienes me rodean. Te lo pido en el nombre de tu Hijo Jesucristo. Amén.


