Produzcan frutos dignos de arrepentimiento, y no comiencen a decirse: ‘Tenemos a Abrahán por padre’, porque yo les digo que aun de estas piedras Dios puede levantar hijos a Abrahán (Lucas 3:8).
El hecho de tener una heredad no nos asegura libertad si primero no nos arrepentimos y volvemos a Dios. Hoy Jesús nos invita al arrepentimiento honesto: a confesarnos sinceramente ante Dios, y reconocer que debemos cambiar para dar verdaderos frutos. Si no tenemos un corazón dolido por nuestras faltas, capaz de volverse a Dios y reconocer nuestra necesidad de Él, no produciremos frutos que sean de Su agrado.
El desafío de esta invitación incluye examinar nuestros corazones. Con demasiada frecuencia, muchos ponen su confianza en la identidad o herencia externa, tal y como lo hizo la gente de la época de Juan el Bautista, reclamando a Abrahán como su padre. Ellos basaban su esperanza en una religión.
Pero el llamado de Dios es más profundo y personal. Más que una religión, se trata de la relación que Él ha querido tener con nosotros. El Espíritu Santo obra en nosotros una vida renovada que inicia por un arrepentimiento genuino, un alejamiento del pecado. Ese arrepentimiento nos lleva a tener una vida nueva en la que, por medio del Bautismo, somos limpiados del pecado.
Este es un recordatorio solemne de que ser parte de la familia de Dios no es una cuestión de mera asociación o tradición. Sin arrepentimiento, quedamos bajo el peso de la Ley, culpables e incapaces de salvarnos a nosotros mismos. De ahí nuestra necesidad de conectarnos con Dios. Por medio de esa relación con nuestro Padre celestial podemos ver la luz intensa que brilla en nuestros corazones, reconocer que verdaderamente podemos ser perdonados, y que hoy somos levantados por nuestra fe para ser Hijos de Dios. Jesucristo nos ofrece una oportunidad de acercarnos a Él y así convertirnos en verdaderos herederos de sus promesas.
Recuerda esto: El arrepentimiento no es una carga, es la obra de Dios en ti. Es una invitación y una oportunidad diaria para volver al abrigo de nuestro Padre amoroso. Confía en su Palabra, confía en Sus promesas y síguelo. Que tu vida refleje el fruto de Su amor transformador.
* ¿Qué pecados quisieras confesarle a Dios en este día?
* ¿Qué impacto tiene en tu vida que el arrepentimiento verdadero es la obra de Dios en ti y no nace de tu propio esfuerzo?
Pastor Eduardo Martínez
Padre amado, gracias por Tu llamado al arrepentimiento y a la fe. Recuérdanos por medio de tu Palabra la salvación que viene solo de Tu gracia. Te lo pedimos por Cristo Jesús. Amen.


